Voy y vuelvo
por el paseo de la alegría
triste en el camino,
y se me hace más astuto su devenir
a una casa cada vez más vacía,
donde remuerdo la almohada
de toda una infancia en amnesia
ahogada de escalofrío.
Bostezo los días que me colman
simulando un carpe diem
que acaba desglosado, atropellado,
impaciente y más impaciente
en cada hora que pasa,
riño su victoria y se la disputo
me disciplino constantemente
me enfrento a mi laureles
para que no me engañe y haga pasar factura.
Voy superando las circunstancias
pero de que me sirven
si las voy perdiendo.
Camino torpemente por las pecas de mi ignorancia
hacia una nueva luz, nuevo sendero…
achacando las curvas del pensamiento.
Busco la luz en el tiempo
y me reinventa su sombra.
Busco de nuevo, terco, imbécil,
que sea luz este imberbe tiempo,
pero mástil del desperdicio
huracán evaporado
por su cáncer de luna
en cada alarma de sol,
aparece en su resquicio.
Incierto piso los días
lo más poéticamente diestro,
y colmo la sed pasada
con la misma sed que ahora sedienta.
La mañana del amor
será la luz sin su sombra
de sólo yo y mi inútil
disfrazado de verde,
donde los años apadrinen
a mi cuerpo y lo haga rebasar
más allá de mi brevedad de alma.