Porque te conozco.
Al sólo mirarte, sin conocerte,
te conozco.
Te conozco con ese aire
que barre sábanas cada mañana,
con la mirada vacía en el techo
sin asunto ni dirección resuelta
…y siempre te levantas.
Te conozco sin descifrar tu nombre;
eres cuerpo entre la multitud
y pánico en las azoteas.
Te conozco con los ojos vendados
y el corazón caliente,
con antiguos pies ahora en el barro,
llorando flores.
Te conozco en tu mirada de espejo,
-mi dama de hierro-
que está a punto de partirse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario