¿Qué vienes a decirme,
en la noche callada,
con el corazón hambriento
y este odio ante el espejo
de recitar sin palabras, sin vida?
¿Acaso este reencuentro
-mi niña caprichosa-
es solo mío,
con esa absurda idea
de ver el mundo
con ojos de poeta,
sin vida que saber?
Yo sólo sé del tiempo
que ignorado vuelve a aparecer
para darme en la frente,
de esa despedida sin fin
de quien se ve ya muerto
sin haber nunca vivido,
de quien pasea su cuerpo
con el alma en los labios,
marchitos de existencia.
Pero a pesar de ello
insistes en verme
cuando menos te necesito,
vuelves para recordarme
que tan sólo vivir es de cobardes,
que andar las calles
para nada encontrarse
es como bailar sin pareja,
y que la mentira de los versos
es lo más doloroso,
para quien sufra de vida.
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