Los gatos lloran en la noche.
Rastrean en los contenedores
los restos de basura.
Han llegado tarde.
Son las dos menos diez de la madrugada
y el maloliente camión ya se ha llevado
nuestros restos y desperdicios.
Los gatos lloran en la noche.
Sus balbuceos rompen
el silencio y no puedo coger sueño.
Mejor sería no abatirme
por el engorde de mis párpados…
El cielo pastel de la mañana
ahoga mi grito en despertar
a la alarma de un niño hambriento.
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