Ya se pone el sol a las nueve de la noche.
Es septiembre, ya sí que se fue agosto
con su balada inamovible y con sus pistas de baile,
donde el juego de siempre y el cuchicheo de siempre
denotan la misma generación de grácil vida.
Las parejas ya no bailan,
los niños si juegan
lo hacen con menor entusiasmo,
y la juventud espera ya curiosa
la llegada del nuevo verano.
Luego ya con noviembre
el desamparo parece evidente,
pero yo ya no siento el tiempo
ni los meses
ni las estaciones
solo denota el peso castrado de los años
de mis miedos
de mis temores.
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