lunes, 19 de diciembre de 2011

La música que suena
ya no va conmigo.

A mí me persigue un ruido
tan agónico y punzante,
que no tengo escapatoria.

Ese ruido habla por mí
y por mi garganta rota,
como una enredadera
lo siento y lo presiento,
sin conocerle.

Ese ruido me hace autista,
y cuando quiero un juguete
no lo quiero, pero nunca al revés.

Por eso cuando hablo nadie entiende
mi forma de libertad,
que es seguir escapando.

Por eso la música
-esa que suena-
se perdió para siempre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario