La locura me persigue
casi roja y enlutada,
cada vez que por olvido
me sonríe tu recuerdo.
Su fruto brota en invierno
y se viste de amargura
cada sábado a la noche
en la que no existen besos.
Grita por calles sin coplas
ni versos de ruiseñor,
se mancha de ron añejo
para limpiarse su amor.
La locura me persigue
y llora desconsolada
sin tu carne y sin tu fuego,
que se prende en otras sábanas.
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