De hace tiempo no comparto
juventud de mis amigos,
siempre andando tan extraño
con otra que va conmigo.
Ella me enseña la vida
bien pintadita de verde,
y parece tan bonita
que si la dejo se pierde.
Ella amanece en mi cama
y hace mis ojos cerrar,
si la abandono me llama
para no ver la verdad.
Desde entonces vivo loco
y me encierro en su cordura,
ella me manda un piropo
en sueños de travesura.
Ese piropo es mi cárcel;
el ego de esta cuarteta
que se canta al incendiarse
la basura de un poeta.
Por las calles me seduce
y me dice donde vas,
no es oro lo que reluce
para caminar descalzo.
Embustera un día exclama:
“la risa dejas morir
y hasta el alma se te arruga,
no te quiero para mí!”
Y con un grito indecente
le puse canción sin nombre
al sueño de no perder
el limbo de la inocencia,
al limbo de la juventud
en este reino tan viejo
que me pide la decencia
de ser esclavo, ser hombre.
de ser esclavo, ser hombre.
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