Recuerdo el sueño
sin formas ni color.
Era madrugada.
La luna quería ser poeta
y llamó al corazón sin nombre.
-¡Luna, tú por aquí,
siempre cuerpo presente,
luz en la oscuridad!
(Ni contestó).
-¡Luna, callas en el día,
la noche te hace brillar!
Mis ojos enseguida enrojecieron
por no soportar los mares derrumbarse.
(Marchó sin más).
Entonces el triste charco
-intacto a la luz-
decidió hacerse sal
para no encontrar mi rostro.
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