Hacerse hombre…
¿Qué importa
más tarde que temprano,
si hay que matar al niño?
Uno crece cuando la libertad
presta otra cara,
y el tiempo enseña
a mirarla con otros ojos,
a sentirla bella y durmiente
por miedo a aprender
a usarla.
Entonces los labios se agrietan en el deseo
y la conciencia se hace pesada
en el discurso de la buena fe,
en la duda que desconcierta,
tanto, que estas palabras
ronquido tras ronquido,
- acaso reflexión-
juegan al encenderse y apagarse
como pulso titánico del tiempo
que golpea y endulza,
que se olvida y nos piensa.
“Crecer es una tarea difícil,
una fatalidad.”
Y los pasos siempre sirven
para indagar su espesura.
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