Este idiota que llevo por nombre
no se rebela a sí mismo.
Este idiota anda sin caminar
se disfraza de cualquiera,
siente ajenas las verdades
y construye soledades blancas
sin chiste y sin idea.
Este idiota no se quiere
por quererse demasiado.
Este idiota apaga su propia luz,
tiene cara de vacío,
sombra indecisa
y alma en laureles.
Este idiota por oficio
cada día se supera
y escribe palabras desafinadas
sin sentido propio ni de cualquiera.
Este idiota narra idioteces
que no merecen ser leídas
en el corto tiempo de los hombres.
Mañana será a su vez decir hoy,
siendo este mismo idiota todo el tiempo,
y el otoño no produce tristezas
porque la sequía de las hojas
pertenecen a mi cuerpo.
Ya vive la indiferencia
de amar el sol de las tardes
como placer detenido,
las horas sin hacer nada
por contentar a mi piel.
La vida es cuestión de verbos,
y este idiota es tan idiota
que espera descifrarse,
llegar a comprender
cuando el tiempo enmudezca
que amar siempre existe,
nunca se inventa,
y que la mentira de envejecer
nace en el miedo,
madura en la nostalgia,
y fallece en la entrega
perpetua entre ejercer
y abandonar los días.
Este idiota es tan trágico
que se ríe de sí mismo.
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