No es que escriba acompasado
o en la ocurrencia del pálpito.
Escribo en fecha incierta
y en necesidad prevista.
Escribo en ese día o en esa noche astuta
que sabe de pecados
porque cada palabra
mata más que las armas,
vuela más que las aves,
sopla más que el levante,
vive más que el propio tiempo.
Sumergido en el deseo
me aferro a ella
cuando la carne adormece
y mi espíritu enmudece invisible,
cuando cada instante sucede
y lo invade el silencio,
cuando se nutre de otras voces
mi propio eco,
cuando se ama y se llora
se ríe y se odia,
cuando extraño la magia
y canta la rutina,
cuando algo inquieta
y solo queda rellenar papel.
Escribo en la distancia de la luz,
la palabra atenta y sabia
dictamina el apogeo;
Si he de sufrir viviendo,
que breve sea
la inconstancia de escribir.
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