jueves, 23 de agosto de 2012

Aire que se marchita


Andaba yo distraído
por la generosidad del momento:

una playa rebosante de luz
abierta a las olas, al cielo, a pechos
descubiertos y pisadas borradas
en la arena, hace de mi conciencia
línea delgada del deseo
en trazo perfecto e irremediable,
donde el tiempo es una barquilla anclada
en ese inmenso mar sin calendarios.

El verano sólo conoce la plenitud,
y las carnes morenas, inocentes, radiantes,
emiten esa luz
de los días sagrados.

Sólo conoce espejismos
en noches que no terminan
y días que quieren ser noches.
En momentos que se pisan
para ya con otro andar
cada año recordarse.

Ahora que soy complicidad,
que prosiga este dulce pensamiento
sumergido bajo oleaje
del tiempo a plena luz, a plena estancia,
preparado para echarme a la cara septiembre.


La vida es un soplo que arrastra oportunidades,
el verano aire
que se marchita.

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