Es la noche la que introduce
el andar insomnio y vago
de querer estar despierto
para que no pase otro día.
Otro día en esta certeza,
inconfundible y real,
donde la luz está muerta
y el pecho vendado a voces.
De la tragedia que no entiendo
de mi cuerpo paralizado
sólo sé que vivir anclado
es retratarse con el tiempo.
Hoy consigo preguntarme
menos veces de las que duermo
si cada paso de soldado
se encaminan a alguna parte.
Pero la sangre a veces fluye
como el licor llega al cerebro,
y hay noches que emiten suspiros
que abofetean en el sueño.
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