sábado, 20 de julio de 2013

A una chavala azul

Amo la ágil memoria de tu cuerpo
que pretende olvidarse de hermosura
cuando la noche hace de él su estatura
y el silencio febril arde lo incierto.

Cuando te disparo después de muerto
y esta lengua dialoga en la espesura,
amo la ceniza en tu pecho oscura
que recuerda los días de desierto.

Porque mi forma de querer no es tuya,
gusto tu piel como vida que marcha
en la disciplina de cada encuentro.

Mi perfecta sed es que el agua fluya
por la soberbia de besos en racha
sin tristeza qué pensar de momento.

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