jueves, 23 de agosto de 2012

Aire que se marchita


Andaba yo distraído
por la generosidad del momento:

una playa rebosante de luz
abierta a las olas, al cielo, a pechos
descubiertos y pisadas borradas
en la arena, hace de mi conciencia
línea delgada del deseo
en trazo perfecto e irremediable,
donde el tiempo es una barquilla anclada
en ese inmenso mar sin calendarios.

El verano sólo conoce la plenitud,
y las carnes morenas, inocentes, radiantes,
emiten esa luz
de los días sagrados.

Sólo conoce espejismos
en noches que no terminan
y días que quieren ser noches.
En momentos que se pisan
para ya con otro andar
cada año recordarse.

Ahora que soy complicidad,
que prosiga este dulce pensamiento
sumergido bajo oleaje
del tiempo a plena luz, a plena estancia,
preparado para echarme a la cara septiembre.


La vida es un soplo que arrastra oportunidades,
el verano aire
que se marchita.

lunes, 20 de agosto de 2012

Contrariedades


Felicidad eterna en el altar,
veranos que nunca sufren el frío,
labios que se cierran para besar,
cuerpos benditos en el desvarío.

Almohadas que regalan la paz,
amores que no duelen en los huesos,
errante caminando sin disfraz,
tiempo sin caer por su propio peso.

Dinero incoloro, inodoro e insípido,
sueños en vigilia aguantando el sueño,
partidas de ajedrez sin adversario,

inculto a la cultura del estúpido,
placeres sin patrimonio ni dueño.
Así las cosas para quien diga lo contrario. 

domingo, 12 de agosto de 2012


A veces no me soporto.

A veces es habitual
recordarse los complejos
e insultarlos a la cara.

La carencia del lenguaje,
lo absurdo de la inocencia
lo absurdo de la quietud
lo absurdo de mi existencia.

Quiero escribirlo ahora
(en esta noche de verano viva
con vocerío en las calles
que se apaciguará por septiembre)
para ser mi propio testigo
en mi propio castigo.

A veces y tantas veces
no soy yo mismo,
incrimino a mi alrededor
y la rabia es un perro acorralado
que ladra mi arrítmico corazón.

No existe mejor insulto
que insultarse en un poema.

A veces resulto ser yo,
encogido de hombros
habitando la tristeza.