Mi cuerpo ya no es cuerpo;
flecha sin corazón
que resiste en el ritmo
de caminar sin pulso.
Sólo vivo unas horas,
el resto las malgasto
en minutos propios
y pasos de silencio.
Tiempo a destiempo
me vuelvo un títere roto
en manos del egoísmo,
y los días son noches
desiertas de palabras.
Es normal el sufrimiento,
de tantas veces velarlo
aprendió a resarcirse
en balada sin trompeta,
letra muerta sin canción.
Por eso río
en la absurda parodia
del que juega a descifrarse.
Y como dije
de mi cuerpo que no es cuerpo,
que sólo vive unas horas
desiertas de palabras
y de pasos ajenos,
marcho sin decir adiós.
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