Palabra por palabra
no es mío este habla,
y heredados los poemas
son ellos quienes se acuerdan de mí.
Mi voz es una sílaba arrancada
de libros que caminan
por sí solos, y que hacen caminar.
Por eso cuando escribo
las palabras quieren ser alguien,
y por lo siguiente las atropello
para cuanto antes
beban de mí, igual que yo bebo de otras.
Pero lo que ellas forman
son el cuerpo sin sombra
de un cuaderno a destiempo;
poemas que se sirven
siempre en plato caliente.
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