No te pienso esperar.
Voy a escribir lo que sea,
porque quiero y ahora.
Sólo quiero escribir
este verso que acaba
cuando yo lo acabe, ahora o después,
como si decidiera
matarlo y resucitarlo luego.
Ya sé que la poesía
se sirve en plato frío
y que un poema nunca
estará por terminar,
pero existe una fuerza intolerable
que lleva al placer
que poco dura;
como un beso en la despedida,
como el reencuentro con el retrete
tras horas sin orinar.
Estas frívolas palabras
se repiten a falta
de tu constancia.
Hay quien dijo:
La prosa es más
agradecida.
Yo prefiero tu encanto.