Ahora que soy palabra maltratada
quiero negar la aurora del dolor
que en su inventario diario en desamor
moja mi cama de cuentos sin hada.
Ahora que soy la luz de mis heridas
-la arquitectura infame de unos versos
que calan de duermevela los huesos-,
prefiero renegar de mí enseguida.
Porque día que anochece el encanto
de respirar pasos a la deriva
en el sabio asombro de rendir parte,
no es día, sino aurora de quebranto
que en su oscura serenidad aviva
esta timidez inquilina en Marte.