La noche es una palabra agotada
y el tacto de su olor desangelado
deja en mi cama como desagrado
este cuerpo sin gobierno de amada.
Riega el ruido del silencio en la almohada,
el verso que se recita cansado
con firma de corazón mutilado
y agua turbia entre rima desgarbada.
La noche es una palabra hedonista
y como ocaso que no aleja el día
pervive un desencanto reflexivo.
Siento la caída de un trapecista
que conjuga temblor y herida fría
hacia el limbo de un gesto sin motivo.