Si me sacas del olvido
me muero con esa sombra
con la que pintan mis ojos
el ron bañado en tu cuerpo.
Y hacia la noche te extraño
con el sol ennegrecido
y la alegría talada
en los vellos de mi cuerpo.
Porque no quiero vellos
si no son tus cabellos
como gata en mi pecho,
arañando de lágrimas.
Porque esa escena la recuerdo
y la llevaré en tus ojos:
¡qué silencio tan marchito
cuando dijiste te quiero,
sin recordar mi nombre!